Ética y tecnología

Ética y tecnología
La ciencia no es sólo el conjunto de conocimientos adquiridos mediante el método científico, ni la tecnología el mero conjunto de conocimientos de una técnica. Los intereses, valores y pasiones que acompañan al ser humano no les son indiferentes, y por tanto la ciencia y la tecnología no pueden explicarse al margen de las personas y sus intenciones.
   Cuando se trata de definir las relaciones entre la ética por un lado y la ciencia y la tecnología por otro, hay quienes defienden que el conocimiento científico y los desarrollos tecnológicos no plantean ningún problema ético, y que es solo su aplicación lo que desde el ámbito de la moralidad puede valorarse como bueno o malo. Es decir, es solo la elección del fin que se dé tanto al conocimiento científico como a la tecnología nacida al amparo de la ciencia lo que puede ser valorado moralmente. Según esta visión neutralista, efectivamente habrían sido los científicos quienes descubrieron la fisión del átomo y favorecido el desarrollo de la tecnología que permitió la fabricación de la bomba atómica, pero alegan que la decisión estratégica de su lanzamiento sobre una población humana fue una decisión política y/o militar. La ciencia y la tecnología nada sabrían de esto.
   Sin embargo, dado que los problemas éticos van estrechamente unidos a los deseos y fines que caracterizan las actividades del ser humano, los valores que le acompañan no pueden ser indiferentes a la actividad científica. La ciencia no puede explicarse al margen de las personas, que como agentes intencionales se mueven por unos intereses y unos fines, constantemente mediatizados por unas creencias, conocimientos, valores y normas que guían su comportamiento.
   En relación a la responsabilidad ética de los agentes que hacen ciencia teórica, la responsabilidad del técnico siempre va a ser de un grado superior, dado que el conocimiento científico, a lo sumo, va a suponer un nuevo hito en el acervo cultural de la humanidad, mientras que los nuevos artefactos tecnológicos tienen un impacto directo sobre todo lo que nos rodea. De ahí que diseñar, desarrollar y aplicar un sistema técnico tiene que conllevar necesariamente el examen de los fines y los valores que lo atraviesan, haciéndose necesario continuamente la exigencia insoslayable de evaluación de esas tecnologías, el coste social y ambiental, así como las necesidades a satisfacer, obligando a tomar en consideración el impacto que supone su aplicación. Esta necesidad de evaluación implica que el sistema de tecnología debería estar sometido a controles democráticos por la ciudadanía, a fin de evitar usos antisociales. Un control que necesariamente deberá contar con la participación de los propios científicos y técnicos en calidad de informantes y consultores, que a su vez suponga una manera de asumir su responsabilidad social. Pero desde el punto que la creciente capacidad tecnológica puede generar problemas globales, la participación en la toma de decisiones tiene que adquirir un enfoque multidisciplinar, más allá de la visión monocular del tecnólogo. Es necesario contar con otros representantes de la comunidad afectada por los proyectos técnicos, como sociólogos, conservacionistas, filósofos o profesionales de la salud pública [1].
   La ciencia y los sistemas tecnológicos no son éticamente neutros, puesto que la aplicación de sus desarrollos puede causar daño a las personas, a los animales, a los bienes comunes y privados y al medio ambiente. La evaluación moral de los mismos se hace por tanto imprescindible. Aceptar moralmente una acción va a implicar necesariamente que tengamos que evaluar si los medios que se van a utilizar, si la adecuación de estos medios a los fines, y si los propios fines que se persiguen, son moralmente aceptables para quienes van a operar el sistema, así como para quienes se van a ver afectados por las consecuencias de su aplicación.

 

Referencias
[1] Bunge, M. (1993). Filosofía de la tecnología y otros ensayos. Capítulos El sistema Técnica-Ciencia-Filosofía (págs. 87-103) y Por una Tecnoética (págs. 105-123). Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s