Hitos en la historia del acceso abierto

Hitos en la historia del acceso abierto
Las últimas décadas han visto el nacimiento de una corriente que propugna la necesidad de un acceso abierto al conocimiento global, y en particular, al conocimiento científico, poniendo en cuestión el orden actual por el que las revistas de suscripción constituyen las herramientas hegemónicas para difundir el conocimiento académico.
   Se puede considerar que las primeras revistas con contenido científico fueron las publicaciones Philosophical Transactions of the Royal Society of London y Journal des sçavans, que datan de la segunda mitad del siglo XVII, y cuyos objetivos se centraban principalmente en el registro, certificación y difusión del conocimiento. Desde entonces han sido miles las revistas que han visto la luz. Y ha sido en nuestros tiempos, con la posibilidad de la publicación electrónica de los contenidos y su rápida y económica difusión a través de las redes de telecomunicación, cuando se está vislumbrando una  revolución que está llevando al mercado editorial a encarar un nuevo paradigma. Para las editoriales tradicionales, la aparición del movimiento OA (Open Access o Acceso Abierto) ha supuesto un reto de coherencia interna que colisiona con su metodología de pagar por ver. Por primera vez desde hace más de 200 años, se está poniendo en cuestión el modelo por el cual los editores cobran a los usuarios por el acceso a la información científica.
   Las iniciativas fundacionales del acceso abierto en forma de manifiestos y declaraciones no ven la luz hasta comenzado el siglo XXI. Sin embargo, los rastros de los primeros intentos por hacer accesible de forma universal la información académica datan de  principios de la década de 1990. Fue en 1991 cuando el físico P. Ginsparg creó la plataforma arXiv.org como depósito para los trabajos de investigación en el ámbito de la física de altas energías. En el espacio editorial, hay que mencionar como experiencia pionera la creación también en 1991 por J.C. Guédon y S. Harnad de las revistas Surfaces y Psycoloquy, títulos que conjugaban la gratuidad de los contenidos en Internet con el mantenimiento del copyright por los autores [1].
   El desarrollo en 1993 del protocolo de comunicaciones http y de la world wide web hacía presentir una rápida implantación de la nueva doctrina, dado que la publicación electrónica de contenidos en línea permitía la aceleración en la difusión del conocimiento científico, al tiempo que facilitaba su acceso. Parecía que el desbordamiento del modelo de las revistas tradicionales era inminente. Pero no fue así. El desarrollo del programa del acceso abierto resultó frenado principalmente por la obstaculización que durante la segunda mitad de la década de los noventa realizaron las principales editoriales, al considerarlo una amenaza a su modelo tradicional de negocio.
   Hubo que esperar hasta principios del siglo XXI para que dos acontecimientos volvieran a dar un nuevo impulso al movimiento: 1) la disposición en libre acceso que la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos hizo de la gran base de datos bibliográfica Medline y su motor de búsqueda PubMed; y 2) la creación en el año 2000 de BioMed Central, editorial científica británica especializada en publicaciones de acceso abierto.
   Casi simultáneamente, en el año 2001, un grupo de prestigiosos investigadores remitieron a colegas de todo el mundo una carta solicitando que se negaran a publicar en aquellas revistas que no les concedieran el derecho a usar de forma libre sus artículos, o al menos, pasado un plazo de embargo no superior a seis meses. Un movimiento que persiste hoy día, bajo la denominación PLOS (Public Library of Science) [2].
   Con el nuevo siglo se sucedieron las iniciativas para la elaboración de manifiestos, al objeto de poner en valor la necesidad de dar impulso a las políticas de acceso abierto, revelando la necesidad y conveniencia de su desarrollo. A este respecto, son tres las iniciativas que pueden considerarse como las conferencias seminales que perfilaron el nuevo paradigma del acceso abierto:
   – Diciembre 2001. Declaración de Budapest, conocida como BOAI (Budapest Open Access Initiative) [3], donde se establece por primera vez una definición de Open Access como el libre acceso a través de Internet a la literatura científica, respetando las leyes de copyright existentes.
   – Junio 2003. Declaración de Bethesda (Bethesda Statement on Open Access Publishing) [4], en la que para facilitar el acceso abierto se sugiere el archivo con carácter inmediato de los trabajos, contando para ello con el respaldo de instituciones, sociedades y organizaciones interesadas.
   – Octubre 2003. Declaración de Berlín (Berlin Declaration on Open Access to Knowledge in the Sciences and Humanities) [5], donde se avalan las políticas de acceso abierto, haciendo referencia a las posibilidades que brinda la red Internet para la difusión del conocimiento.
   Estas y otras iniciativas posteriores han ido socavando el monopolio de la revistas de suscripción como único agente activo en la difusión del conocimiento académico, dando lugar a un modelo mixto en el que tres elementos doctrinalmente diferentes comparten la tarea de diseminación de los trabajos de investigación: 1) las revistas de suscripción, predominantes aún en el sector, que aglutinan las publicaciones de mayor prestigio, y en las que el lector debe abonar un precio para acceder a los contenidos publicados; 2) las revistas de acceso abierto, sector en constante crecimiento, las cuales han trasladado la repercusión de  los costes de publicación de los lectores a los autores; y 3) los repositorios, generalmente de carácter institucional y sin carácter editorial, consistentes en archivos electrónicos de documentos que facilitan acceso libre a versiones de los trabajos por regla general diferentes a los publicados.
   La forma de hacer público el conocimiento científico se ha basado tradicionalmente en la publicación a través de revistas científicas especializadas de carácter generalmente privado. Pero cuando este modelo coincide con la financiación de la investigación científica por parte de organismos públicos, además de dificultar su libre difusión, se está creando una paradoja metodológica, por cuanto las publicaciones quedan restringidas a revistas por las que los editores cobran derechos de suscripción y tarifas para su acceso, fomentándose el negocio privado con la comercialización de contribuciones científicas que han sido financiadas con dinero público.

Referencias
[1] Abadal, E. (2012). Acceso abierto a la ciencia. Barcelona: Editorial UOC. En repositorio eLiS: e-prints in library & information service. Disponible en http://hdl.handle.net/10760/16863
[2] http://www.plos.org/about/plos/history/
[3] http://www.budapestopenaccessinitiative.org/read
[4] http://www.earlham.edu/~peters/fos/bethesda.htm
[5] https://openaccess.mpg.de/Berlin-Declaration

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s