Buscando una salida a la dialéctica destructiva

Buscando una salida a la dialéctica destructiva
El ser humano es un animal social que se ve sometido a restricciones culturales en sus inclinaciones primarias, limitaciones que con frecuencia operan en contra de lo más sustancial de su naturaleza instintiva, generando unas fuerzas destructivas que a veces resultan fatales.
   En este sentido, la cultura como pautas de conducta, impide a menudo la satisfacción de los instintos humanos más básicos. Sin embargo, como afirma Marcuse en Eros y civilización, contradictoriamente, el abandono de la satisfacción primaria de estas necesidades instintivas es la condición de posibilidad del inicio de la civilización [1], porque sin esas restricciones sería imposible el progreso [2].
   En este ámbito de la crítica cultural, difícilmente se puede encontrar un análisis de la cultura más lúgubre y pesimista que el que ofrece Freud. Otras críticas suelen centrarse en los aspectos externos de la cultura, sus consecuencias, su evolución o sus orígenes, pero el análisis que realiza Freud toma como punto de partida las estancias más internas de nuestra psique, aquello que más nos caracteriza como propiamente humanos, lo que más nos distingue del resto de los animales.
   Su descubrimiento del inconsciente resultó trascendental. Si la ofensa cosmológica debida a Copérnico desplazó al hombre de su supuesta centralidad en el universo, y la ofensa biológica debida a Darwin derrocó al hombre de su pretendida excepcionalidad entre el resto de especies animales, la ofensa psicológica proferida por Freud es la más graves de todas, puesto que nos hizo caer en la cuenta de que somos gobernados por fuerzas que se materializan a nivel inconsciente, y que en realidad ni siquiera somos dueños de nosotros mismos [3].
   En la obra de 1911 titulada Los dos principios del funcionamiento mental, Freud introdujo dos nociones que según su concepción regían nuestra esfera mental, dos principios que implican un proyecto dialéctico del mundo, a los cuales denominó principio del placer y principio de la realidad. El primero se corresponde en buena aproximación con el ejercicio primitivo del psiquismo humano, siendo característico de aquellos procesos propios del sistema inconsciente que nos empujan constantemente al intento de satisfacción de nuestras necesidades vitales. Por otro lado, dado que normalmente vivimos bajo la persistente ausencia de satisfacción de esas necesidades, nuestro aparato mental tuvo que aprender a modificar las circunstancias reales del mundo exterior, introduciendo el principio de la realidad. Este principio es característico del sistema consciente, y tiende a modificar la realidad para facilitarnos la tarea de encontrar satisfacciones. No lo hace por la vía más rápida y económica, a veces inalcanzable, sino que lo hace aplazando la gratificación por medio de la adaptación a la realidad exterior. El principio del placer queda así modificado por el principio de la realidad, y subsiste transformado por el peso ineludible de la realidad impuesta. Unos principios contrapuestos que obligan a nuestra realidad psíquica a sobrevivir en dos planos existenciales diferentes y discordantes.
   El ser humano vive inmerso simultáneamente en dos ambientes, el natural y el artificial, que le someten inevitablemente a una especie de restricción malthusiana donde la gratificación absoluta y sin penalidades de sus ansias y necesidades es imposible. El principio del placer se ve sometido a limitaciones traumáticas, cuya principal consecuencia es la frustración del individuo. Ante esta inapelable certeza, la mente humana reacciona alzando un nuevo tipo de mecanismo, el principio de la realidad, que invalida al principio del placer. Dado que la satisfacción total de los placeres inmediatos es inalcanzable, el ser humano aprende a sustituir el placer por un principio, el de la realidad, que nos acerca a unos placeres retardados y restringidos, pero que a cambio se tornan muy seguros. En cualquier caso, el principio del placer no queda totalmente suprimido. Más que desaparecer, se ve modificado por el principio de la realidad, en función de las exigencias que ésta impone a la existencia humana. Una dialéctica que nos hace protagonistas de una forzada pero irrenunciable conciliación.
   Nos enfrentamos de este modo a unos mecanismos mentales que están subordinados al principio de la realidad, una de cuyas principales consecuencias es que los impulsos primarios propios de nuestra animalidad no se constituyen ya como algo que nos caracterice, como ocurre con el resto de animales, sino que singulariza al ser humano, resultando en un ego organizado. Como señala Marcuse, sólo una faceta del pensamiento queda libre del principio de la realidad, la fantasía, que permanece ligada al principio del placer, y que se encuentra protegida de las alteraciones culturales. El principio de la realidad, al tiempo que constituye el acontecimiento más traumático en nuestro desarrollo, es también la condición de posibilidad de nuestra naturaleza racional [4]. Bajo este principio, estamos capacitados para distinguir lo que está bien de lo que está mal, lo que es verdadero de lo que es falso, o lo que nos es útil de lo que nos es dañino, transformando al ser humano en un sujeto consciente y pensante. Las descargas de energía que proporciona el principio del placer son ahora empleadas en intentar modificar la realidad misma, en una tentativa por desbordar los diques que se alzan a nuestro continuo deseo de gratificación. En el camino, las necesidades impulsivas originales quedan transmutadas y reprimidas.

 

Referencias
[1] Marcuse, H. (1983). Eros y civilización. Madrid: Sarpe, p. 27.
[2] Como en la metáfora de la paloma kantiana. En la Crítica de la razón pura refiere Kant cómo la paloma se lamenta de la resistencia del aire, pensando que sin ese inconveniente podría volar más rápido. No sabe que sin esa resistencia le sería imposible volar.
[3] Freud, S. (1917). Una dificultad del psicoanálisis. En S. Tubert. Sigmund Freud. Fundamentos del psicoanálisis (pp. 181-183). Madrid: Editorial EDAF.
[4] Marcuse, Ibid., p. 29.

 

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9 comentarios en “Buscando una salida a la dialéctica destructiva

  1. El hombre primitivo comprendía desde una perspectiva no racional los ritmos y ciclos de la naturaleza , este era su poder , con lo único que contaba . Su embrionaria racionalidad estaba aún supeditada a un todo instintivo – Hoy es todo al revés – . La perfección sería recuperar esas cualidades y equilibrar ambos poderes .

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  2. Hoy La neurociencia nos dice que el cerebro generó nuestra mente y obviamente todo lo que aquello conlleva : cultura , folklore , el concepto de belleza, la moral y la ética etc etc . La ciencia de las cosas estaban ahí esperando a ser explotadas por el poder y la inteligencia de este portento recreador de la realidad . No había otra forma de llegar a la Luna y colonizar otros mundos en el futuro . Un ser contemplativo y conectado a la naturaleza jamás lo habría logrado .

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  3. es evidente como este hombre se ha divorciado de la naturaleza . cuando tu comprendes y te sientes ligado por fuertes lazos a alguien no le atacas con la vileza y ferocidad con que el hombre lo hace con la naturaleza . está claro que el ambiente artificial de la psique humana es el predominante actualmente , es como un robot o un ordenador que no es capaz de comprender y distinguir el valor intrínseco de las cosas . su lado natural claramente está desplazado a un segundo plano y la libido Jungiana está siendo utilizada principalmente para alimentar a esta máquina voraz y destructiva .

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  4. Un poema que encontré acerca del valor y vastedad del subconsciente. “Cada Vida le ofrece su cosecha
    y se extingue después.
    Cada alma va hacia él como una flecha,
    y en su gran alma, chispa nueva es.

    Cada tránsito en él es enseñanza:
    cada humana aflicción
    un ala nueva para su esperanza
    de perfección.

    Él la clave posee de tu estado,
    él ha pesado
    cada desliz;
    él comprende por qué eres desgraciado,
    por qué fuiste feliz.

    Es el dueño y señor por quien laboras;
    es tu conciencia; mas con vastedad
    vertiginosa, él sabe cuanto ignoras,
    y lleva en sí tu eternidad.

    Él vela cuando duermes, y en tu mente
    es un genial relámpago, un tropel
    de rimas, trémulo y resplandeciente.
    Tú pasas, sí, mas él es permanente;
    tu mudas, sí, mas él es siempre fiel.
    Sólo vives para tu Subconsciente,
    y mueres sólo para él”… amado nervo.

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  5. esta modificación de la realidad que le sucedió al hombre en su evolución me imagino fue durante el paleolítico . me refiero al hombre de neanderthal , cromagnon etc . siempre me ha inquietado saber si estos procesos son por mutaciones , adaptación al medio o sencillamente evolución . muy interesante el tema , te felicito por este blog . gracias

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  6. Gabo . la respuesta a tu pregunta está en el mismo artículo , fíjate donde dice : “la mente humana reacciona alzando un nuevo tipo de mecanismo, el principio de la realidad, que invalida al principio del placer”.

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  7. Muy buena entrada , realmente un trabajo serio e interesante . Es de esperar que continues así , ya que en la web abunda la mediocridad y son pocos los que abordan temas de este calado . Gracias

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