Conjeturas sobre el principio antrópico

Conjeturas sobre el principio antrópico
Muy controvertido tanto en sus aspectos científicos como filosóficos, el principio antrópico afirma que vivimos en un universo como el que vemos, con sus condiciones particulares que hacen posible la existencia de seres inteligentes, precisamente porque estamos aquí para observarlo.
   En 1973, antes de que se acuñara el término principio antrópico, los cosmólogos Christopher Collins y Stephen Hawking publicaron un artículo titulado ¿Por qué el universo es isotrópico? en el que sostenían que el estado de isotropía observado en el universo actual solo era posible dentro de un estrecho rango de condiciones iniciales. Planteaban el problema cosmológico de la planitud y enlazaban la formación de estrellas y galaxias con la existencia de observadores, todo ello en un contexto de reflexiones antrópicas: «Dado que parece que la existencia de las galaxias es una condición necesaria para el desarrollo de vida inteligente, la respuesta a la pregunta “¿por qué el universo es isotrópico?” es “porque estamos aquí”» [1].
   La persona que acuñó el término principio antrópico fue el astrofísico Brandon Carter, relacionándolo con cuestiones fundamentales subyacentes a la física. Su trabajo de 1967 La importancia de las coincidencias numéricas en la naturaleza fue el preámbulo de las charlas que en 1970 y 1973 ofrecería respectivamente en el Clifford Centennial Meeting en Princeton y en el Simposio de la Unión Astronómica Internacional celebrado en Cracovia (Polonia), como homenaje a Nicolás Copérnico en el 500 aniversario de su nacimiento. Acuñó el término principio antrópico como contrapuesto al denominado principio copernicano, el cual postula que nuestro planeta no ocupa ninguna posición central favorecida en el universo. Era también la primera vez que esta idea se presentaba desde un punto de vista científico, como una tesis asociada a las cuestiones planteadas dentro de la cosmología física. Carter distinguió dos versiones del principio. La versión débil, que caracterizó como «debemos estar preparados para tener en cuenta el hecho de que nuestra ubicación en el universo es necesariamente privilegiada en la medida de ser compatibles con nuestra existencia como observadores». Y la versión fuerte, a la que se refirió en el sentido de «el universo (y por tanto los parámetros fundamentales de los cuales depende) debe ser tal que admita la creación en algún momento de observadores dentro de él» [2]. A la vista de sus consideraciones y de las ideas presentadas en la formulación de sus dos principios, Carter estaba convencido de que el universo que habitamos es especial, en cuanto las características que presenta hacen posible el desarrollo de tipos de vida avanzados.
   En 1986, el matemático y cosmólogo John Barrow y el físico Frank Tipler publicaron The Anthropic Cosmological Principle, una obra exhaustiva que se convirtió a partir de su publicación en fuente primaria y principal referencia en el estudio del principio antrópico. En ella presentaron nuevas versiones del principio más allá de las expuestos por Carter, trataron los antecedentes históricos del argumento del diseño, estudiaron las relaciones entre teleología y ciencia, y conectaron el principio antrópico con disciplinas como la física cuántica, la astrofísica o la biología molecular. En el texto se presentaban interpretaciones antrópicas de muy diversos tipos. A modo de ejemplo, la relación de dependencia necesariamente existente entre el desarrollo de organismos vivos y la edad del universo. Según los autores, observamos un universo que tiene una edad del orden de 1010 años, conteniendo una población de estrellas que se encuentran mayoritariamente en la secuencia principal de su evolución, precisamente porque muy anteriormente a ese instante habría sido imposible la vida, dado que el censo de supernovas no habría sido aún suficiente como para generar la cantidad necesaria de elementos químicos pesados que constituyen a los seres vivos. De igual modo, dentro de un unos 1012 años, las estrellas habrán consumido todo su combustible nuclear y no habrá suficiente emisión de radiación para sostener la vida. Aún más allá, en 1018 años, todas las galaxias habrán colapsado en agujeros negros supermasivos [3]. Estos límites temporales inferior y superior son la ventana de tiempo en que la vida puede existir, resultando en el universo con las características que necesariamente tenemos que observar.
   Sin embargo, el hecho de que el principio antrópico afirme que nuestra existencia como seres conscientes haya preseleccionado unos valores de las constantes fundamentales y un carácter de las leyes de la física que hayan permitido esa existencia, hace que se planteen no pocas controversias científicas. Las formulaciones antrópicas son acusadas frecuentemente de no ser más que una mera tautología, desde el momento en que su aceptación sólo permite concluir afirmaciones previamente conocidas y sin ninguna validez explicativa. A lo sumo podría ser aceptado como una regla de inferencia válida del tipo:

   Si X entonces Y
   X
   entonces Y

pero careciendo del carácter predictivo de las leyes de la física, ya que sólo anticipa hechos que ya conocemos. Y en su contra milita además el hecho de que parece contradecir el mayotitariamente aceptado principio copernicano. En su crítica al principio antrópico fuerte, el físico matemático Roger Penrose manifiesta que «tiende a ser invocado por los físicos teóricos siempre que no tienen una buena teoría suficiente para explicar los hechos observados» [4].
   A pesar de que los defensores del principio antrópico hayan amparado en ocasiones sus supuestos éxitos predictivos, la forma de razonamiento circular del principio lo convierte en una falacia lógica, donde se defiende la veracidad de la proposición mediante un proceso de inferencia circular que se presenta como base de su demostración. Y es que los efectos en ningún caso pueden servir de explicación de la causa. El hecho de nuestra existencia no puede ser explicación del principio antrópico, dado que las condiciones que han permitido que evolucionemos como especie ya existían antes de que la humanidad o cualquier otro observador inteligente vinieran a la existencia. De la presencia de organismos vivos en el universo es posible deducir la ventana de valores que pueden adquirir las constantes fundamentales, pero de ninguna manera la existencia de estos organismos es explicación al valor de esas constantes.
   Como afirma el filósofo de la ciencia Jesús Mosterín refiriéndose al principio antrópico débil, se trata de una regla de inferencia tautológica que no permite explicar nada ni predecir nada que ya no sepamos, y en su versión fuerte es en esencia una afirmación metafísica impregnada de antropocentrismo, carente de toda base lógica y física, y del cual no puede deducirse ninguna explicación científica a nada [5]. Cita Mosterín al físico Murray Gell-Mann, quien manifestaba que el principio antrópico fuerte aplicado a la dinámica de las partículas fundamentales y a las condiciones iniciales del universo, habría determinado las leyes fundamentales de la naturaleza precisamente en la forma que con el tiempo terminaran produciendo seres humanos, lo cual le parecía una idea tan ridícula que no merecía más discusión.

 

Referencias
[1] Collins, C., & Hawking, S. (1973). Why is the universe isotropic? The Astrophysical Journal, vol. 180, pp. 317-334, p.334
[2] Carter, B. (1974). Large Number Coincidences and the Anthropic Principle in Cosmology. En M. Longair (Ed.), Proceedings of IAU Symposium No. 63, Confrontation of cosmological theories with observational data (págs. 291-298). Dordrecht: Reidel Publishing Company.
[3] Barrow, J., & Tipler, F. (1986). The Anthropic Cosmological Principle. Oxford: Oxford University Press.
[4] Penrose, R. (1991). La nueva mente del emperador. Barcelona: Grijalbo Mondadori, p.538
[5] Mosterín, J. (2004). Anthropic Explanations in Cosmology. En línea, disponible en:
http://philsci-archive.pitt.edu/id/eprint/1658

 

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5 comentarios en “Conjeturas sobre el principio antrópico

  1. “las condiciones que han permitido que evolucionemos como especie ya existían antes de que la humanidad o cualquier otro observador inteligente vinieran a la existencia” pero la selección natural no existía por ejemplo , eso es indicador que cuando surge algo nuevo en el universo trae aparejado mecanismos y dinámicas también nuevos , además de todo lo que ya estaba .

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  2. “En su crítica al principio antrópico el físico matemático Roger Penrose manifiesta que «tiende a ser invocado por los físicos teóricos siempre que no tienen una buena teoría suficiente para explicar los hechos observados»” . esto me recuerda también nuestra tendencia a explicarnos las cosas que no entendemos estableciendo analogías con elementos cercanos.

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  3. A pesar de todo lo logrado en el conocimiento del cosmos y de la vida en la tierra es evidente que falta mucho todavía por descubrir , y es por ello que se notan los vacíos y ese girar en círculos típico de cuando no hay algo revelador para aportar . Felicitaciones, muy interesante tu entrada . Gracias por compartir conocimiento .

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  4. Y la única opinión que existe sobre el universo es la nuestra , y eso es insuficiente creo yo . Somos los únicos que tenemos una versión , una versión de nuestra experiencia con nuestros limitados sentidos y nuestro limitado procesador de datos . Gracias por tan buenos artículos sobre temas tan interesantes.

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