A vueltas con el concepto de vida

A vueltas con el concepto de vida
Definir qué se entiende por vida no es un asunto pacífico, ni lo es caracterizar un organismo vivo con respecto a la materia inanimada. No hay más que acercarse a la literatura especializada para constatar el gran número de definiciones que se han ensayado.
   Esta dificultad parece surgir del hecho de que no hay un criterio único convenido desde el que acometer una definición que resulte de consenso. Con la intención de sistematizar las diferentes orientaciones que han inspirado las propuestas de definición, el filósofo de la ciencia español Antonio Diéguez resume los enfoques en dos clases:
1) Aquellos que ponen el énfasis en la capacidad reproductiva o replicativa de los seres vivos, o enfoque informacional.
y 2) Aquellos otros que lo hacen en la capacidad de los organismos para automantenerse y constituirse como entidades autónomas, o enfoque autoorganizativo.
El enfoque informacional, defendido entre otros por el genetista británico John Maynard Smith, incide en aquellos mecanismos relacionados con la reproducción, como la herencia, la adaptación al medio y la evolución. El enfoque autoorganizativo, seguido principalmente por el biólogo teórico estadounidense Stuart Kauffman, se centra particularmente en la complejidad y la autoconstrucción metabólica.
   Menos ambicioso que definir qué es la vida, pero aún muy problemático en su declaración, es el concepto de organismo vivo. Para los filósofos de la biología australianos Kim Sterelny y Paul E. Griffiths:

No hay una definición sencilla. ‘Organismo’ resulta ser una noción altamente discutible […] Si existe una visión de sentido común, es la idea de que los organismos son complejos, coadaptados e integrados físicamente. Tienen partes diferenciadas. Son físicamente cohesivos, con un interior y un exterior. Dado que muchos procesos metabólicos dependen de la existencia de esta distinción interior/exterior, los organismos a menudo están equipados con mecanismos homeostáticos para garantizar que el interior permanezca estable a pesar de las variaciones exteriores [1].

   A lo largo del siglo XX la biología se ha ido centrando cada vez con más dedicación en una perspectiva genético-molecular de los seres vivos, una visión de carácter reduccionista que ha ido despreocupándose, voluntaria o involuntariamente, de los aspectos organizativos y holísticos que definen a un organismo. Aún así, la batalla sigue librándose. En 1972, los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela plantearon una definición de organismo vivo que parece aunar los enfoques informacional y autoorganizativo, proponiendo para ello el término de autopoiesis. La autopoiesis sería la propiedad básica de los seres vivos, y quedaría adscrita a la dinámica de los sistema autoorganizados y automantenidos, de forma que el sistema tendría capacidad de mantenerse y reproducirse por medio de sus propios procesos. Una máquina autopoiética quedaría caracterizada tanto por la organización como por el automantenimiento, experimentando procesos concatenados capaces de producir componentes que generarían esos mismos procesos, al tiempo que se mantiene como una unidad en el espacio físico [2].
   Certificar que estamos ante un sistema autopiético supondría comprobar que existen las tres condiciones siguientes:
1) El sistema posee un borde semipermeable que separa el interior del exterior.
2) Los componentes moleculares del borde se generan mediante reacciones producidas en el interior del sistema.
3) Estas reacciones internas que generan el borde son dependientes de la existencia del propio borde.
   Se rechazan los conceptos clásicos de estimulo (input) y respuesta (output), siendo sustituidos por el concepto más general e inespecífico de perturbaciones [3]. Gracias a la barrera semipermeable que los limita, los sistemas autopoiéticos son cerrados operacionalmente, quedando rotundamente distinguidos de su entorno al constituir un espacio de topología cerrada. Pero al mismo tiempo, intercambian materia y energía con el entorno, respondiendo a las perturbaciones externas. Todo ello les convierte en sistemas autónomos y autorregulados.
   Centrarse estrictamente en los aspectos biológicos cuando de definir el concepto de vida se trata no es la única aproximación posible al problema. Con la intención de trascender las especificidades exclusivamente biológicas y llegar a una caracterización del fenómeno de la vida que provenga de un enfoque más general, y que por tanto pueda servir como referente universal (en el más amplio sentido del término universo), sería conveniente acudir a las categorías propias de una disciplina como la física.
   El físico austríaco Erwin Schrödinger impartió en febrero de 1943 tres conferencias en el Trinity College de Dublín, que fueron publicadas el año siguiente en forma de un libro titulado ¿Qué es la vida? Siguiendo la línea de alejarse de conceptos estrictamente biológicos, caracterizaba los organismos vivos como sistemas que son capaces de crear orden a partir del desorden, consumiendo e intercambiando energía con el entorno:

¿Cuál es el rasgo característico de la vida? ¿Cuándo puede decirse que un pedazo de materia está vivo? Cuando sigue ‘haciendo algo’, ya sea moviéndose, intercambiando material con el medio, etc., y ello durante un período mucho más largo que el que esperaríamos que siguiera haciéndolo un pedazo de materia inanimada en circunstancias similares [4].

   En esta línea se encuentra la definición ofrecida por el premio nobel de química de origen ruso Ilya Prigogine, según el cual el concepto de organismo vivo se correspondería con aquellos sistemas que se encuentran alejados del equilibrio termodinámico [5], así como la propuesta del físico británico Paul Davies, para quien «las dos características de la vida son la complejidad y la organización» [6]. Esta perspectiva relaciona directamente la condición de posibilidad de los organismos vivos con conceptos centrales de la termodinámica. La metabolización de sustancias alimenticias, la generación de desechos, el crecimiento, la capacidad de respuesta a estímulos externos o la reproducción, son actividades relacionadas con la vida que requieren una vulneración local del segundo principio de la termodinámica, al crear un aumento continuo de orden interno y una disminución en la entropía [7]. A diferencia de la energía, no existe una ley que verifique la conservación de la entropía. Por el contrario, en todo proceso físico la entropía siempre aumenta. Ello obliga, necesariamente, a que el aumento de orden interno que experimentan localmente los seres vivos se haga siempre a costa de un aumento de entropía a nivel global.

 

Referencias
[1] Sterelny, K. & Griffiths, P. E. (1999). Sex and Death. An Introduction to Philosophy of Biology. Chicago: The University of Chicago Press, p. 173.
[2] Maturana, H. y Varela, F. (1995). De máquinas y seres vivos. Santiago: Editorial Universitaria.
[3] Etxeberria, A. y Umerez, J. (2006). Organismo y organización en la biología teórica: ¿vuelta al organicismo?. Ludus vitalis: Revista de filosofía de las ciencias de la vida, vol. 14, no. 26, pp 3-38.
[4] Schrödinger, E. (1983). ¿Qué es la vida?. Barcelona: Tusquets.
[5] Prigogine, I. (1980). From Being to Becoming. San Francisco: W. H. Freeman.
[6] Davies, P. (1994). Dios y la nueva física. Barcelona: Salvat Editores, p. 70.
[7] La entropía es un concepto crucial en el estudio de los sistemas termodinámicos. Aunque su examen riguroso es muy amplio, baste decir que la entropía remite a la medida del desorden interno de un sistema.

 

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2 comentarios en “A vueltas con el concepto de vida

  1. el caso de los priones es muy especial , ya que son capaces de inducir el cambio de la forma normal de una proteína huésped a la forma del prión – generando una reacción en cadena – como podemos llamar a aquello de inducir entonces? . y estamos hablando de una proteína , aquí no existe Dna ni envoltura . esto me hace pensar que para que exista una mayor complejidad como lo es la vida , se necesitan mecanismos como el de éstas moléculas auto-replicantes con reacciones en cadena y cosas así ; que se permita una dinámica de lo simple a lo más complejo , y cuando aquello sucede , entonces “emergen” o se incorporan automáticamente nuevos y concatenados mecanismos . en ese caso cuando ya no hay vuelta atrás en el proceso se puede decir que se está en camino a la vida . simplemente he tratado de describir muy someramente un proceso precursor a la vida , que para mi es un sistema autopoiético con esas tres condiciones arriba descritas .

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